Desperté. La sensación de dormir enrollado en sabanas limpias es increíblemente reconfortante. Siento una energía superior que le da un empujón anímico a mis ideas. Hace un tiempo descubrimos que dormir en carpa, con la bolsa de dormir abierta y con sabanas, como si fuese una cama, se descansa de una forma muy agradable y el sueño tiene la capacidad de llegar a ser mucho mas placentero.
Me despertó Eduardo, compañero del colegio que quiso venir a ayudarme unos días con el tema de la balsa, hoy se vuelve a Chile porque tiene que arreglar unos asuntos personales. Ayer, por la misma situación, se fue Scarlett. Por primera vez en lo que va del proyecto me siento acompañado de mis ideas y de todo aquello que me permite seguir planificando e ideando los próximos pasos a seguir.
Después de hacer fiaca en la carpa decido levantarme y dar inicio a mi día con la mejor onda y colocando mi cara mas bonita. Difícil situación, pero... el que no se arriesga no cruza el río.
Voy llegando a la ruta y me habla Eduardo por radio. Justo él estaba llegando, cruzamos un par de palabras, saludos y cada uno sigue su camino. Eduardo volvía al campamento a desarmar todo porque, como dije antes, se vuelve a Chile.
Siento que nadie puede detenerme. Con ese pensamiento y convencido de mis emociones doy un paso tras otro por el ripio que acompaña a la ruta en todos su recorrido. Aún faltan 13 km para llegar a Bariloche y en el sendero por el que camino está prohibido detener vehículos por el poco espacio que hay. Por otro lado, debo llegar antes de las 13 hs a la prefectura naval. Detengo un colectivo para ahorrar tiempo, me siento al lado de la ventana y dejo que mi mente, simplemente, se deslice por el tiempo y divague... El retorno seguramente lo marcará algún estimulo externo.
Hoy es el día en que me debo meter al río. Hace rato que lo estoy pensando y hace rato, también, que lo estoy evitando. Ayer fuimos, junto a Eduardo, al nacimiento del Limay. A penas lo vi me dieron unas ganas impresionantes de tirarme y sentir la suavidad con la que las aguas envuelven el perímetro de los cuerpos. Pero mi compañero no me quiso prestar su calzoncillo.El día se estaba desarrollando de una manera muy interesante para mi. Por muchas razones que sucedieron hoy no podía dejar pasar la oportunidad de ir al mismo lugar que fuimos ayer y zambullirme en el río.
Me refugio de la sombra y me escondo bajo el sol. Espero (mientras imagino la caída) que el astro divino caliente mi piel, me ato los cordones con el mismo moño que me enseñaron en mi casa hace aproximadamente 25 años, doy media vuelta, levanto la mirada y dejo el campamento atrás. Volveré o no, todo depende de lo que suceda, pero se que volveré.
Estoy en la ruta, camino y afilo mi pulgar derecho contra el suave viento que corre a las 16:10 hs de la tarde, pasa un auto, dos, tres, quince, veinte, ochenta, mil... Pierdo la cuenta, pero no la sonrisa. Finalmente me levanta un camionero con su hijo, son chilenos. Le digo que "necesito" llegar al Limay.
Bajo del camión con un salto al mejor estilo "torpe". Por suerte hay dos chicos mas haciendo dedo y les cuento lo que necesito de ellos, que filmen.

Una vez que estamos arriba mantengo una conversación a los gritos con un señor que estaba pescando debajo del puente;
- Amigo, ¿me puedo tirar desde el puente?
- De tirarse puede... Lo que no se si puede es salir
- jajaja salir seguro! con frío, pero seguro. Cuántos metros tiene de profundidad?
- Con suerte dos metros
Miro con cara de Chuck Norris antes de tirar una de sus celebres patadas voladoras y me decido a lanzarme.
Coloco mis pompis en el borde del puente, saco mi remera, saco mi sombrero, saco mis pantalones y me quedo en calzoncillos. Estoy a solas con el viento, el río, el puente y el amigo chileno que me está cuidando la ropa. Su hermano está abajo filmando con la otra cámara... Miro hacia el horizonte, miro el agua, las piedras, pienso en la profundidad, pienso en el dolor que sentiré si llego a golpear con los pies alguna piedra, pienso que ya es hora de tirarme...





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