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| (Lugar del campamento a orillas del lago) |
Después de un largo, pero a su vez, no agotador camino que nos mantuvo entre La serena (Chile) y la Patagonia Argentina. Llegamos a Bariloche, lugar en el cual daremos vida física a la balsa que nos acompañará durante los 1252 km que separan a esta ciudad del atlántico.
La primer noche la pasamos en el patio de la casa de Marco, un señor de Buenos Aires que esta radicado en Dina Huapi. No hemos tenido mucho contacto con él, salvo en el momento en que me acerqué a pedirle un lugar para pasar la noche y al día siguiente cuando estábamos desarmando la carpa.
Marco es un camionero al que nunca le ha gustado su trabajo, sin embargo agradece haberse desempeñado en ese labor, pues ha conocido el país de norte a sur y de este a oeste. Fue él quien nos recomendó nuestro próximo lugar para instalar el campamento.
Pensábamos en ir hacia la orilla del río Limay y buscar un buen lugar para acampar, pero debido a los fuertes vientos, las posibilidades de lluvia, nieve y granizo, inclinamos la balanza hacia un pequeño bosque que, si bien nos aleja 2,5 km del río, nos ofrece resguardo contra las condiciones meteorológicas cambiantes de la zona.

El lugar en el cual estamos acampando es un pequeño bosque que queda a orillas del lago Nahuel Huapi. Por suerte hay muchos árboles que sirven para cortar un poco el viento que sopla desde la cordillera. Digo "por suerte" porque no quiero ser grosero y expresarme de una forma mas "popular". La verdad es que por las noches hace más frío que en un frigorífico, pero por suerte existen estos gigantes verdosos que nos brindan un refugio mas que acogedor.
Ayer, ni bien nos despertamos, nos acercamos a un supermercado que quedaba a 200 mts de la casa de Marco. Nos habían comentado que su dueño era re piola y solía apoyar proyectos tanto ecológicos como deportivos. Yo supongo que estábamos encasillados en uno de esos así que me mandé al mejor estilo kamikaze, con la confianza de un tigre y de cabeza a buscar una entrevista con él. Resultado final... No estaba.
Dado que el esfuerzo fue en vano, nos propusimos desayunar. Dejé la elección de las facturas a Scarlett, yo elegí el yogurth, que estaba tan pero tan frío, que no pude ni sentir el sabor. Después del desayuno nos fuimos a la ciudad de Bariloche. En la ciudad dimos un par de vueltas y logramos dar con un periodista que nos hizo una nota en el diario de la zona (Diario Cordillera).
Creo que tenemos la mala suerte de estar en una ciudad con muchas fábricas de chocolate. Es prácticamente imposible no sentirse atraído por las formas, colores y características de cada uno de ellos. Lo peor de todo es que se acerca semana santa. Imaginen nuestra situación, es como si viviéramos en la casita de chocolate de la bruja de Hansel y Grétel. Dan ganas hasta de comer a las personas en Bariloche.
Como mencioné al principio, hoy comienza la construcción de la balsa, por esa razón debo levantar mi humanidad de este aposento reinoso y ponerme manos a la obra. Además el día está precioso y sería un error muy grande dejarlo pasar si tomamos en cuenta lo que hay que hacer y la época del año en la que estamos.



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